miércoles, 24 de abril de 2013

¿Qué está cambiando en el mundo?


Las noticias reproducen una infinidad de eventos, como si el mundo estuviera inmerso en un torbellino de cambios amorfos que alteran modos de vida, percepciones de la realidad y damos por hecho que alteran estructuras sociales, económicas y políticas. La gente se mueve neuróticamente hacia ofertas de nuevos mundos posibles que nadie se detiene a explicar con claridad, presiente que mañana verá momentos sorprendentes que cambiarán para bien o para mal nuestro hábitat y nuestro trabajo. En el fondo todas estas noticias agoreras de cambios en todas direcciones y en todos los ámbitos nos viene del impacto que están causando las nuevas tecnologías que aún no asimilamos para qué fueron diseñadas, pero que ya usamos indiscriminadamente para hacer nuestro trabajo y ocupar nuestro ocio.

El movimiento es el sustrato para toda interpretación de un estadio social, todo se mueve y por ende cambia; el movimiento es el concepto central sobre el que piensan, viven y aspiran los habitantes del planeta hoy en día; lo que no está en movimiento no existe, ni siquiera en los museos, pues las exposiciones también se mueven. Cuando todo está en movimiento me temo que todo puede volverse confuso, pues no hay referencias asibles ni plataformas estables para interpretar ideas y actos.

Todo cambia, es la creencia de nuestros tiempos, la nueva fe; no existen universales sostenibles por la razón y estos conceptos cosmogónicos suenan hoy melancólicos y cascados. Se dice que todo cambia porque cambian paisajes, geografías, personajes y estilos de vida que se han transmutado en mercancías desechables, sin límite para fijar una posición que perdure generacionalmente:  si me muevo, estoy cambiando al menos de lugar; si me muevo, veo otras realidades como espectáculos de un Hollywood omnipresente en un mundo totalmente interconectado por una red de telecomunicaciones absolutamente eficiente para llenar de información -buena y mala- los contenidos de nuestra percepción. 

En las nuevas ciencias sociales, interpretar el movimiento y el cambio ha llevado a paradojas paralizantes ante el impacto decimonónico de querer alinear la filosofía política, la economía y la sociología a estándares de pensamiento científico: el método científico se decretó como la única forma de acercarse a afirmaciones con valor de verdad ante cualquier objeto de estudio. Sin embargo, el método científico, en los campos de la ciencia y específicamente de la física, ha llevado al conocimiento del mundo por derroteros inesperados para los científicos sociales, que se han visto atrapados entre la visión probabilística de los fenómenos proveniente de la mecánica cuántica y la visión sistémica dominante en la biología. En efecto, son visiones divergentes de la realidad porque la primera está basada en todas las historias posibles de un fenómeno, del que apreciamos en la experimentación las historias más probables y, la segunda, sigue manteniendo la lógica de la causalidad. Me atrevo a contraponer estas visiones del mundo señalándolas como causalidad contra casualidad, a concepciones que no convergen en este momento a una unidad del pensamiento y que dan licencia a poder interpretar de manera muy libre muchos fenómenos observables en la sociedad. Baste mencionar la tesis del “fin de la historia” de Francis Fukuyama o  “la sociedad del conocimiento” de Peter Druker como ideas lanzadas con poca consistencia al mercado académico y político, y vemos en menos de diez años a los proponentes desdecirse y lanzar nuevas proposiciones con apariencia lógica.

Si las cosas y los fenómenos cambian y se mueven, sólo podemos ver que son huidizos y trasmutables; utilizando solamente la información que nos  proporcionan los cinco sentidos no podemos explicar el movimiento, por lo que requerimos de modelos complejos para proceder a un análisis que lo haga comprensible más allá de intuiciones simplonas, más cerca de la razón, con carga explicativa de lo que pasa y sucede a nuestro alrededor, y específicamente más cerca de lo que percibimos y entendemos que se mueve y que no sabemos bien cómo ni hacia dónde.

En el caso de nuestra sociedad, creemos que se mueve porque vemos noticias de que pasan cosas, pero son cosas de difícil explicación porque nosotros mismos, en nuestra experiencia cotidiana, vemos que el mundo actual tiene diferencias con el mundo de ayer, y porque esperamos de mañana vivir “nuevas realidades”, como si la renovación fuera un acto de fe, como si confiáramos a la fuerza oculta de la historia nuestro destino y como si desecháramos con un burdo positivismo la propuesta de Heráclito sobre el "eterno retorno de lo idéntico".

A mi juicio, las ideas de cambio y movimiento llegaron a su momento culminante en la concepción dialéctica de los fenómenos. El objetivo, pues, consiste en vislumbrar en lo que realmente sigue, el sentido del devenir en el que hoy estamos inmersos, nuestra posición dentro de esta espiral ascendente que nos lleva indefectiblemente hacia estadios que resuelven el núcleo mismo del conflicto o conflictos de nuestra sociedad actual; hagamos el esfuerzo de pararnos frente a nuestra realidad, determinar sus más evidentes contradicciones, entender la lógica bajo la cual surgieron y especular sobre su detonante negación de la negación, que dará lugar a una síntesis, una reformulación de estructuras sociales y políticas, a nuevas concepciones del movimiento y el cambio.



3 comentarios:

  1. El texto que publicas nos invita a poner a trabajar nuestras neuronas, a contrastar ideas y a analizar el movimiento y el cambio.

    Sin embargo, encuentro un prejuicio en el texto que a continuación reproduzco "el método científico se decretó como la única forma de acercarse a afirmaciones con valor de verdad ante cualquier objeto de estudio". Lo considero un prejuicio pues he leído y discutido el anti-método, la racionalidad limitada, la información escasa, la contraproductividad, y en ninguna de ellas cabe ese prejuicio.

    En ciencias sociales no hay una respuesta única. El sí o no, afortunadamente, se quedan sólo para pruebas de opción múltiple o para intolerantes a la discusión.

    ResponderEliminar
  2. A referencia del comentario de Enrique Espinoza:

    Efectivamente, en las ciencias sociales como en muchas otras disciplinas, no hay respuestas únicas. Igualmente comparto el prejuicio (ironía), de que cualquiera que enarbole el método científico (sea lo que sea que signifique), como "la única forma de acercarse a las afirmaciones con valor de verdad ante cualquier objeto de estudio", expresa una estructura de pensamiento con un sesgo amplio.

    Sin embargo, esa no es la postura de la autora. De hecho, me parece (puedo equivocarme), la escritora hace una lectura crítica de esa interpretación ortodoxa de la ciencia. La cita que reproduce Enrique Espinoza está fuera del contexto, de la idea general.

    En fin, puedo equivocarme.

    Saludos Cordiales!

    Uli over and out!

    ResponderEliminar
  3. La jaula de los espejos está siendo constantemente perfeccionada, toda esa impresión de movimiento no tiene otro objetivo que ocultar el hecho de que la conciencia moderna es estática. Mircea Eliade definió al Chamán como aquel que atraviesa impunemente el cielo y el infierno; la dominación moderna se ha encargado de atarnos muy bien a la tierra, que mejor que la ilusión del movimiento perpetuo para ocultar que la conciencia es un líquido contenido por la centrífuga que le sedimenta.

    ResponderEliminar

Curiosidades