viernes, 24 de mayo de 2013

Kant y los límites del conocimiento


En su primera etapa Kant es un filósofo racionalista seguidor de las ideas de Descartes y Leibniz a través de los estudios de Christian Wolff sobre la “universalidad del método matemático identificado con las leyes del razonamiento silogístico", y es aquí donde el profesor de Königsberg comprende el efecto definitivo que el pensamiento científico ha provocado en el pensamiento de la época, aunque se da cuenta que el pensamiento tiene un ámbito de posibilidad, pues no se puede pensar en cualquier cosa de cualquier manera, aún cuando la manera de pensar guarde una apariencia racional, pues sólo pensar en ciertas cosas y de determinada manera nos lleva al conocimiento. Es por eso que el conocimiento tiene límites y de esta apreciación surge el criticismo como doctrina epistemológica que establece tales límites al “conocimiento efectivo” a través de las “condiciones de posibilidad del pensamiento".

El problema central en Kant surge de la necesidad de conciliar en una especie de principios generales del entendimiento las leyes universales expresadas matemáticamente y conocidas por la razón, con la propuesta aristotélica no superada de que todo lo que afirmamos de la realidad tiene su origen en la experiencia sensorial que, parcialmente despojada del armazón filosófico que le dio el estagirita al haber sido sustituido por un racionalismo a ultranza, podemos afirmar que esta experiencia sólo nos revela acontecimientos sueltos, objetos específicos e incluso nos lleva a observaciones falaces o falsas sobre el mundo, porque es bien sabido que en muchas ocasiones nuestros sentidos nos engañan.

Kant inicia la solución a este problema distinguiendo entre juicios analíticos y juicios sintéticos donde los analíticos desarrollan en el predicado características que necesariamente corresponden al sujeto; de cierta manera son tautológicos y en esta noción entran todo tipo de afirmaciones de que un objeto contiene x, y, z  características que previamente sabemos son propias de ese sujeto y no de otro; estos juicios no incrementan el conocimiento de las cosas, pues simplemente afirman lo que ya conocemos de ellas (a priori)  y para manifestarlos no hace falta tener una experiencia del objeto que describimos.

Por otro lado, los juicios sintéticos son aquellos “en los que el concepto del predicado no está contenido en el concepto del sujeto”; requieren de la experiencia directa, de la percepción sensible, que avale lo que afirmamos y, por ende, aumentan el conocimiento. Un grupo de los juicios sintéticos son a posteriori de la experiencia, produciendo afirmaciones particulares (porque su verdad está restringida al “aquí” y al “ahora”) y contingentes (porque su contrario no es imposible).

Existen otro tipo de juicios sintéticos que son los que permiten el conocimiento científico, aquellos que Kant denomina juicios sintéticos a priori (como las nociones del espacio tridimensional), que son de validez universal y necesarios en tanto son precisamente los que establecen los problemas de la ciencia ya que tienen como principal propósito establecer su fundamentación. De este modo, la idea que surge al establecer los juicios sintéticos a priori radica en la posibilidad de que la experiencia se ordene racionalmente, porque si bien es cierto que nada hay en la mente humana que no tenga su origen en la experiencia sensorial (afirmación que viene de la escolástica), el conocimiento no proviene de esta experiencia sino del ordenamiento de las experiencias dentro de estructuras racionales, que es la manera como se ordena y se hace posible el conocimiento. Estas estructuras establecen la fundamentación del pensamiento y permiten al hombre desplegar su concepción racional al margen de su noción sensible del mundo. En otras palabras, “el acto intelectual del juicio sintético a priori representa la síntesis mediante la cual el sujeto cognoscente organiza la naturaleza, es decir, establece las leyes de ésta.” Las matemáticas puras y la construcción de las leyes de la física son un claro ejemplo de cómo la inteligencia humana puede generar estructuras complejas aisladas de la experiencia de los sentidos. La realidad del objeto que aprecian nuestros sentidos la podemos explicitar por la estructura del intelecto dentro de la cual ubicamos y relacionamos a dicho objeto. El verdadero conocimiento es de la “cosa en si” y no el de la “cosa como representación”.

Las propiedades de la mente humana que permiten conocer son lo que Kant denomina formas a priori divididas en tres niveles: de la percepción, de la inteligencia y de la razón y todas ellas incluyen nociones como las del espacio y el tiempo que le dan al conocimiento “condición de posibilidad”.

La causalidad, que David Hume niega atribuyéndola a la costumbre y a quien se contrapone Kant, es un juicio sintético a priori, una categoría, la de causa, que se puede aplicar a la experiencia, esto es, a todos los fenómenos de la naturaleza. El principio de causalidad es lo que nos permite comprender como necesariamente conectado lo que nos es dado empíricamente; permite que el pensamiento científico se apoye en él sin limitar su estructura racional y la universalidad de sus afirmaciones, al tiempo que racionaliza los juicios sintéticos de referencias espaciales, temporales y de cuantificación de los fenómenos. De este modo Kant establece una indagación “epistémica” del conocer humano que lo lleva a establecer la necesidad de juicios sintéticos a priori para construir la arquitectura racional del conocimiento, superando la metafísica no comprobable de los racionalistas a ultranza seguidores del pensamiento cartesiano sin matices.

Al exponer cómo el pensamiento matemático se fundamenta en juicios sintéticos a priori, Kant está alineando la razón científica a la posibilidad de racionalizar el orden del mundo, que si bien nace de una representación estética de la realidad (por lo que Kant denomina “sensibilidad”), estas representaciones pasan a ser una idea por la capacidad que tiene el hombre de ordenarlas por la “receptividad”, a partir de la cual se despliega la facultad de conocer el objeto a través de tales representaciones y esta facultad determina lo que es pensar, que tiene formas de realizarse en una persona y que es lo que desarrolla y esclarece Kant en su Lógica Trascendental: las reglas generales del pensamiento que aplicadas sistemáticamente nos llevarán a conocer la cosa en sí.

*En el próximo blogger hablaremos sobre la analítica y dialéctica trascendental como las reglas del correcto pensar. Va a estar bueno! 

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