En
su primera etapa Kant es un filósofo racionalista seguidor de las ideas de
Descartes y Leibniz a través de los estudios de Christian Wolff sobre la “universalidad
del método matemático identificado con las leyes del razonamiento silogístico", y es aquí donde el
profesor de Königsberg comprende el efecto definitivo que el pensamiento
científico ha provocado en el pensamiento de la época, aunque se da cuenta que
el pensamiento tiene un ámbito de posibilidad, pues no se puede pensar en
cualquier cosa de cualquier manera, aún cuando la manera de pensar guarde una
apariencia racional, pues sólo pensar en ciertas cosas y de determinada manera
nos lleva al conocimiento. Es por eso que el conocimiento tiene límites y de
esta apreciación surge el criticismo como doctrina epistemológica que establece
tales límites al “conocimiento efectivo” a través de las “condiciones de
posibilidad del pensamiento".
El
problema central en Kant surge de la necesidad de conciliar en una especie de
principios generales del entendimiento las leyes universales expresadas
matemáticamente y conocidas por la razón, con la propuesta aristotélica no
superada de que todo lo que afirmamos de la realidad tiene su origen en la
experiencia sensorial que, parcialmente despojada del armazón filosófico que le
dio el estagirita al haber sido sustituido por un racionalismo a ultranza, podemos
afirmar que esta experiencia sólo nos revela acontecimientos sueltos, objetos
específicos e incluso nos lleva a observaciones falaces o falsas sobre el
mundo, porque es bien sabido que en muchas ocasiones nuestros sentidos nos
engañan.
Kant
inicia la solución a este problema distinguiendo entre juicios analíticos y
juicios sintéticos donde los analíticos desarrollan en el predicado características que necesariamente
corresponden al sujeto; de cierta manera son tautológicos y en esta noción
entran todo tipo de afirmaciones de que un objeto contiene x, y, z características que previamente sabemos son
propias de ese sujeto y no de otro; estos juicios no incrementan el
conocimiento de las cosas, pues simplemente afirman lo que ya conocemos de
ellas (a priori) y para manifestarlos no hace falta tener una
experiencia del objeto que describimos.
Por otro lado, los juicios
sintéticos son aquellos “en los que el concepto del predicado no está contenido
en el concepto del sujeto”; requieren de la
experiencia directa, de la percepción sensible, que avale lo que afirmamos y,
por ende, aumentan el conocimiento. Un grupo de los juicios sintéticos son a posteriori de la experiencia,
produciendo afirmaciones particulares (porque su verdad está restringida al
“aquí” y al “ahora”) y contingentes (porque su contrario no es imposible).
Existen
otro tipo de juicios sintéticos que son los que permiten el conocimiento científico,
aquellos que Kant denomina juicios
sintéticos a priori (como las nociones del espacio tridimensional), que son
de validez universal y necesarios en tanto son precisamente los que establecen
los problemas de la ciencia ya que tienen como principal propósito establecer
su fundamentación. De este modo, la idea que surge al establecer los juicios
sintéticos a priori radica en la
posibilidad de que la experiencia se ordene racionalmente, porque si bien es
cierto que nada hay en la mente humana que no tenga su origen en la experiencia
sensorial (afirmación que viene de la escolástica), el conocimiento no proviene
de esta experiencia sino del ordenamiento de las experiencias dentro de
estructuras racionales, que es la manera como se ordena y se hace posible el
conocimiento. Estas estructuras establecen la fundamentación del pensamiento y
permiten al hombre desplegar su concepción racional al margen de su noción
sensible del mundo. En otras palabras, “el acto intelectual del juicio
sintético a priori representa la
síntesis mediante la cual el sujeto cognoscente organiza la naturaleza, es
decir, establece las leyes de ésta.” Las matemáticas puras y la
construcción de las leyes de la física son un claro ejemplo de cómo la
inteligencia humana puede generar estructuras complejas aisladas de la experiencia
de los sentidos. La realidad del objeto que aprecian nuestros sentidos la
podemos explicitar por la estructura del intelecto dentro de la cual ubicamos y
relacionamos a dicho objeto. El verdadero conocimiento es de la “cosa en si” y
no el de la “cosa como representación”.
Las
propiedades de la mente humana que permiten conocer son lo que Kant denomina
formas a priori divididas en tres
niveles: de la percepción, de la inteligencia y de la razón y todas ellas
incluyen nociones como las del espacio y el tiempo que le dan al conocimiento
“condición de posibilidad”.
La
causalidad, que David Hume niega atribuyéndola a la costumbre y a quien se contrapone
Kant, es un juicio sintético a priori, una categoría, la de causa, que se puede
aplicar a la experiencia, esto es, a todos los fenómenos de la naturaleza. El
principio de causalidad es lo que nos permite comprender como necesariamente
conectado lo que nos es dado empíricamente; permite que el pensamiento
científico se apoye en él sin limitar su estructura racional y la universalidad
de sus afirmaciones, al tiempo que racionaliza los juicios sintéticos de
referencias espaciales, temporales y de cuantificación de los fenómenos. De este modo Kant
establece una indagación “epistémica” del conocer humano que lo lleva a
establecer la necesidad de juicios sintéticos a priori para construir la
arquitectura racional del conocimiento, superando la metafísica no comprobable
de los racionalistas a ultranza seguidores del pensamiento cartesiano sin
matices.
Al
exponer cómo el pensamiento matemático se fundamenta en juicios sintéticos a
priori, Kant está alineando la razón científica a la posibilidad de
racionalizar el orden del mundo, que si bien nace de una representación
estética de la realidad (por lo que Kant denomina “sensibilidad”), estas
representaciones pasan a ser una idea por la capacidad que tiene el hombre de
ordenarlas por la “receptividad”, a partir de la cual se despliega la facultad
de conocer el objeto a través de tales representaciones y esta facultad
determina lo que es pensar, que tiene formas de realizarse en una persona y que
es lo que desarrolla y esclarece Kant en su Lógica Trascendental: las reglas generales del
pensamiento que aplicadas sistemáticamente nos llevarán a conocer la cosa en
sí.
*En el próximo blogger hablaremos sobre la analítica y dialéctica trascendental como las reglas del correcto pensar. Va a estar bueno!
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